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Iluminación: Una necesidad absoluta.

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¿Qué es la luz? La luz es energía, una pequeñísima fracción de radiación del espectro electromagnético emitido por el sol. Así, cuando decimos “luz” nos referimos solo a la parte visible de esta energía, la que nuestro sistema visual es capaz de detectar, acotada por la luz infrarroja y la ultravioleta que resultan imperceptibles para el ojo humano y que son filtradas por la atmósfera.

La luz existe desde el origen del universo y permanecerá después de nuestra existencia. Es un hecho que donde no hay condiciones mínimas ideales no se consigue que la vida se preserve, unas de estas condiciones son: Agua, aire y luz. Donde falta alguna de éstas, las condiciones de vida se ven alteradas. La vida humana está absolutamente relacionada a la existencia de la luz, la luz es energía que se manifiesta de forma visible, esta energía es absorbida por las plantas e ingresa a la cadena alimenticia desde formas muy elementales y así es absorbida por criaturas de diferente evolución que progresivamente alimentan a otros organismos, pero en resumen nos alimentamos igualmente de luz, de energía solar.

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Quizá algún día el ojo humano evolucione de tal forma que sea capaz de ver las luces para las cuales nuestro ojo no ha sido diseñado. Somos criaturas fotosensibles, nuestro organismo está desarrollado evolutivamente para funcionar dentro de los parámetros de iluminación natural. Existen funciones fisiológicas que requieren luz, así que el repetido uso de luz artificial tendrá consecuencias a nivel ADN preparando una adaptación a los nuevos ambientes iluminados artificialmente. La luz nos dicta funciones de actividad y reposo, mismas que regeneran tejidos y permiten ciertos procesos que ocurren en nuestro estado de sueño profundo. La luz incita y regula igualmente a estos ciclos. Es una necesidad vital y un elemento primordial en todos los espacios destinados para el uso del ser humano y puede afectar nuestra operatividad y funcionamiento, por eso es muy importante que en los espacios se realice un estudio profundo de la iluminación natural, para proyectarlos adecuadamente. La mala orientación de un espacio resulta en un lugar frío, porque no se tomó en cuenta la posición relativa de la tierra con respecto a la fuente natural de luz. Esos espacios tendrán que calentarse de forma artificial y esto se traducirá en un gran consumo de energía eléctrica, que significará un alto costo económico. Este es un factor que pocas veces se toma en consideración a la hora de proyectar o diseñar un espacio. En sentido opuesto, un espacio donde la luz natural entra de forma excesiva resulta incómodo para desarrollar actividades que requieren de precisión visual, como la lectura; se debe prevenir el resplandor y brillo innecesarios, tamizando de alguna forma, restringiendo el ingreso de luz por medio de filtros como cortinas, persianas o de forma más sofisticada, con filtros regulables, adheridos a las ventanas, ya que el exceso de luz en un espacio se traduce también en absorción de radiación de energía calorífica y en un gran incremento en la temperatura del espacio. La única forma de hacerlo confortable es con un sistema de climatización artificial con el consecuente impacto económico.

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Para concebir un espacio deben considerarse las necesidades de funcionamiento para actividades nocturnas. Por más de diez generaciones, los seres humanos hemos intentado extender nuestras actividades más allá de las horas efectivas que brinda el asoleamiento. La pauta natural del ciclo circadiano y la jornada laboral de salida a la puesta de sol era lo que dictaba las actividades del ser humano hace poco más de dos siglos. La iluminación artificial nos ha permitido generar momentos de encuentro familiar dentro del hogar en el horario nocturno y conquistar los espacios exteriores en esos horarios. Las necesidades de confort de un determinado grupo se ven influidas por aspectos culturales, económicos y sociales del ámbito donde se desenvuelven, estas mismas se traducen en los espacios que resuelven estas necesidades de convivencia y desarrollo tanto personal como familiar. Cada necesidad tiene una traducción que lleva una configuración de luz.

La experiencia magistral de los arquitectos y antiguos maestros constructores que han sabido comprender el valor de la luz natural en nuestro entorno edificado o hábitat se traduce en una experiencia sublime que complementa a la arquitectura. En realidad la luz puede poseer las propiedades extremas de absoluta y relativa.

Nuestra capacidad de comprender el entorno es dependiente del sistema visual que está adaptado a las condiciones de luz que se presentan en nuestro planeta. La forma y función de cada componente de iluminación, en el ojo y en el cerebro, son el resultado evolutivo del conocimiento de la luz y su aplicación con un sentido estético y funcional. Considerar bien cada espacio, su actividad o uso, podrá determinar los requerimientos técnicos de iluminación, equipos, inversión y tecnología, que cumplan cabalmente su función.

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Por Arq. Miguel Angel V. Calanchini. MIES

Puedes encontrar este artículo en nuestra versión física de la edición Diciembre-Enero.

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